• Hermosillo, Sonora, México a     |  Año 29 No. 11    

Cuauhtémoc Cárdenas: un legado que marcó la democratización de México

LA JORNADA /


Nota publicada: 2026-10-30

La muerte de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, ocurrida la noche del miércoles en la Ciudad de México a los 92 años, obliga a ponderar su legado en la democratización del país. Gobernador de Michoacán, tres veces candidato presidencial y primer jefe de Gobierno electo de la capital, supo abrir un parteaguas en la historia contemporánea de México.

Cuando el régimen de partido casi único ya había emprendido el viraje neoliberal, Cárdenas encabezó con Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez la Corriente Democrática, que exigía apertura interna en el priísmo y un retorno a los principios sociales de la Revolución, cuyo máximo exponente fue su padre. La respuesta del PRI fue la exclusión, y su salida en 1987 fue la ruptura más trascendental en la historia del hasta entonces “partidazo”. Con la ruptura recogió la veta de nacionalismo revolucionario que aún sobrevivía. José López Portillo se había definido como “el último presidente de la Revolución Mexicana” y sus sucesores se encargaron de darle la razón. Frente al desmantelamiento del Estado, Cárdenas reivindicó la soberanía sobre el petróleo y los recursos naturales, la propiedad social de la tierra, los derechos de los trabajadores, la educación pública, la rectoría económica del Estado, una política exterior fincada en principios y algo que figuraba sólo en el ideario, mas no en la práctica del viejo régimen: el sufragio efectivo. Esos ideales se cristalizan hoy en las políticas de justicia social, en el rescate de Pemex como palanca del desarrollo –empresa en la cual ocupó desde abril la presidencia honoraria de la Comisión Consultiva del Petróleo– y en el precepto de gobernar para las mayorías.

Fue también la primera figura política de relevancia nacional que volteó a ver a sectores que nadie miraba, a los relegados por un crecimiento desigual: colonos de las periferias urbanas, campesinos, organizaciones populares y, sobre todo, estudiantes. El movimiento universitario que en 1987 frenó el cobro de cuotas en la UNAM encontró en su candidatura un cauce, un micrófono. El multitudinario mitin de mayo de 1988 en Ciudad Universitaria marcó el ingreso de toda una generación a la vida política, en su mejor sentido, más allá de las aulas.

Tras el fraude del 6 de julio de dicho año, Cárdenas fundó el Partido de la Revolución Democrática y sostuvo a la oposición de izquierda en la vía institucional aun cuando cientos de sus militantes fueron asesinados durante el sexenio salinista. Más allá de la patética agonía y el infame final del PRD, ése es su legado más hondo: haber instalado en la izquierda la convicción de que la transformación debe lograrse por la vía pacífica, mediante la organización y el voto, no por las armas.

Su perseverancia lo convirtió en referente nacional e internacional de la lucha contra los autoritarismos y en antecesor de la Cuarta Transformación. Así lo reconocieron la presidenta Claudia Sheinbaum, para quien la jornada de 1988, “en la que debió haber sido reconocido como presidente, marcó el inicio de la transformación democrática”, y el expresidente Andrés Manuel López Obrador, quien lo llamó “precursor del movimiento democrático en la historia reciente de México” y aseguró: “sin él, otra sería la realidad política del país”. Ese reconocimiento, por encima de diferencias pasadas, da cuenta de su dimensión.

La mejor manera de honrar a Cuauhtémoc Cárdenas es mantener vivo su legado, profundizando la transformación pacífica del país y no permitiendo que México vuelva a ser gobernado de espaldas al pueblo o entregado a los apetitos depredadores extranjeros.



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