Nota publicada: 2026-10-06
Nueva York y Washington. Los autores intelectuales de la explosión del vuelo 455 de la aeronave de Cubana de Aviación que mató a 73 civiles, el peor atentado terrorista en el continente americano hasta Oklahoma City, fueron protegidos y asilados por el gobierno de Estados Unidos el resto de sus vidas y ambos criminales gozaron de plena impunidad.
Luis Posada Carriles y Orlando Bosch, acusados de ser los autores intelectuales de derribar un avión civil cubano el 6 de octubre de 1976 –justo hace medio siglo– encontraron refugio dentro del país que se autoproclama el líder de la lucha mundial contra el terrorismo.
Posada Carriles escapó de una prisión en Venezuela durante su juicio en 1985, mientras Bosch fue absuelto en ese mismo país en 1987 para retornar de manera ilegal a Estados Unidos. Ambos escaparían de toda consecuencia y vivieron el resto de sus vidas en plena libertad en Miami, no sólo sin enfrentar la justicia en Estados Unidos, sino que gozaron de su protección a los más altos niveles.
“Lo increíble de todo este caso es que, con toda la evidencia que había, con una solicitud de extradición pendiente de parte de Venezuela por un acto de terrorismo en la aviación civil que resultó en la muerte de tante gente –jóvenes casi todos ellos, incluyendo el equipo de esgrima juvenil cubano, una niñita guyanesa de 13 años, Sabrina–, a pesar de todo eso… incluyendo una orden de Interpol contra él por 73 cargos de homicidio calificado… los estadunidenses no quieren enjuiciar a Posada Carriles” por el atentado contra el avión, recuerda el abogado José Pertierra, quien representó al gobierno de Venezuela para extraditar a Posada Carriles, en entrevista con La Jornada.
“Lo más increíble es la impunidad. ¿Cómo es posible que este país haya ofrecido impunidad a Posada Carriles y a los terroristas cubanoamericanos que han hecho tantos actos terroristas contra Cuba a través de los años? ¿Cómo Miami los ampara? Este hombre murió en la cama en Miami. Bosch igual”, subrayó Pertierra.
Los dos responsables de colocar la bomba en el avión de Cubana fueron Hernán Ricardo Lozano y Freddy Lugo, quienes fueron arrestados en Trinidad. Según sus interrogatorios, la primera llamada después del atentado fue a las oficinas de Luis Posada Carriles para informarle que el operativo fue exitoso.
Posada Carriles, colaborador de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos desde los años 60 y uno de los conspiradores de la fracasada invasión de Bahía de Cochinos en 1963, estaba involucrado en incesantes complots terroristas contra su país y sus líderes. Cuando escapó de la prisión en Venezuela, viajó a la base militar Ilopango en El Salvador para trabajar con la CIA con el fin de ayudar a suministrar armas a la Contra, en la operación que estallaría en el “escándalo Irán-Contra” en 1985. Muchos años después, sería procesado y declarado culpable por algunos de sus intentos de asesinar a Fidel Castro en Panamá, pero fue indultado en 2004 por la entonces presidenta saliente de ese país, Mireya Moscoso.
Secreto a voces
Aunque Posada y Bosch nunca fueron condenados por el atentado contra la nave de Cubana de Aviación, no había duda de su participación. Documentos oficiales estadunidenses desclasificados y analizados por el National Security Archive, centro de investigación independiente en Washington a lo largo de los últimos años, incluyen cables enviados al entonces secretario de Estado, Henry Kissinger en 1976, afirmando que Posada Carriles era un autor del complot, pero que la CIA “no tenía conocimiento” del plan.
Sin embargo, un informe secreto de la agencia cita a Posada declarando que “vamos a golpear a un avión cubano” y que “Orlando tiene los detalles”. Un informe de la Oficina Federal de Investigación (FBI) cita a un declarante que afirma que los dos hombres físicamente responsables de colocar el explosivo en el avión llamaron a Bosch para informarle que el plan había sido exitoso (los documentos desclasificados).
Pertierra explicó que los estadunidenses se vieron obligados a procesar a Posada Carriles por algo que no fuera lo del avión, ya que ante el tratado de extradición con Venezuela, se debe expulsar al acusado o procesarlo en el país. Es cuando hace esto último, en 2011, por “fraude migratorio”, porque cuando pide asilo en Estados Unidos responde a una pregunta de las autoridades sobre si ha cometido algún delito diciendo que no. Sin embargo, recuerda Pertierra, “hay dos entrevistas que él ha dado, una a María Elvira Salazar (entonces reportera de televisión hispana en Miami y hoy diputada federal) y otra a The New York Times, donde admite no la voladura del avión –siempre quiso negar eso porque sabía que tenía ese cargo independiente en Venezuela–, sino admite haber sido el autor intelectual de las bombas en un hotel de La Habana”, donde murió un turista italiano. Fue absuelto por el jurado después de más de tres meses de juicio en El Paso. Un juez falló que Posada no podía ser regresado a Cuba o Venezuela –ambos países deseaban enjuiciarlo– por lo que permaneció en Florida.
Bosch murió en Miami en 2011, donde vivió desde finales de los 80, indultado por el presidente George Bush padre de todos los cargos. Posada Carriles lo hizo de causas naturales y como hombre libre en 2018. Las familias de los 73 pasajeros del vuelo 455 de Cubana de Aviación, entre otros, siguen esperando la justicia en el caso.