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Industria 4.0 en México: el reto real para las pymes

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Nota publicada: 2026-01-13

En los últimos años, la conversación sobre Industria 4.0 ha ganado presencia con temas de digitalización, automatización e inteligencia artificial; sin embargo, existe una realidad compleja: no todas las empresas avanzan al mismo ritmo, particularmente en México y en América Latina. Es evidente que el reto no solo es tecnológico, sino estratégico y organizacional.

Uno de los factores que más llama la atención es el estancamiento global en la adopción de Industria 4.0, especialmente en manufactura. Como señala la experiencia en campo, muchas empresas se quedan atrapadas en lo que se denomina pilot purgatory: iniciativas tecnológicas que comienzan, pero no escalan.

Aunque las grandes corporaciones del mundo han avanzado en su madurez digital, la realidad es distinta para las pymes mexicanas, donde la toma de decisiones sobre inversión tecnológica está condicionada por presupuestos limitados y estructuras menos formales.

Industria 4.0: las decisiones que definirán a las pymes mexicanas
La adopción de Industria 4.0 no avanza igual en todas las regiones. Las brechas entre Europa, Asia, Estados Unidos y América Latina son amplias. En el caso latinoamericano, existen diferencias claras entre:

Multinacionales y pymes, donde las primeras tienen recursos, talento y procesos más robustos y las segundas enfrentan barreras de entrada, informalidad y estructuras menos desarrolladas.
Regiones con mayor disponibilidad de talento frente a otras donde no es sencillo encontrar ingenieros, operadores o técnicos alineados con nuevas tecnologías.
Empresas con procesos integrados frente a aquellas que operan bajo silos, lo que dificulta conectar la tecnología con las actividades de planta o servicio.
A esto se suman desafíos propios de la región como conectividad, infraestructura e informalidad dentro de los procesos. Estas características influyen directamente en la capacidad de adoptar herramientas digitales.

Aunque la inteligencia artificial generativa se ha convertido en tendencia global, la realidad operativa de las pymes mexicanas requiere dar un paso previo: construir inteligencia de datos.

Antes de implementar tecnologías avanzadas, las empresas deben entender qué ocurre dentro de sus procesos, reducir informalidad, capturar información confiable y elevar su productividad.

Muchos negocios todavía dependen del “Excel de alguien”, de notas individuales o del conocimiento tácito de algún operador. Mientras no se visibilicen esas “cajas negras”, la inteligencia artificial —por más accesible que sea— no generará valor. La recomendación es: limpiar procesos, medir, entender y, luego sí, incorporar tecnología que permita aprovechar esa visibilidad.

Una convicción guía todo proceso de mejora: lo que no se mide, no se mejora. Para las empresas que buscan avanzar hacia la Industria 4.0, el primer paso consiste en medir su productividad, capacidad, tiempos de proceso, cuellos de botella, desperdicios e indicadores propios de su operación.

En servicios, la lógica es similar: tiempos de atención, número de clientes atendidos, niveles de satisfacción o recomendación. Sin importar el sector, las métricas permiten ver con claridad dónde están las ineficiencias y qué tipo de soluciones tecnológicas pueden aportar valor. Incluso si los resultados iniciales no son favorables, medir permite iniciar procesos de mejora con datos objetivos.

La persona como eje de la transformación
Un fenómeno común entre líderes y directivos es la confusión frente al exceso de oferta tecnológica, donde no se sabe cuál es la más adecuada para sus necesidades. Esto ocurre porque la tecnología avanza más rápido que la capacidad del directivo para conocerla y evaluarla.

Por ello, el acompañamiento y la claridad sobre los “cómos” son fundamentales.

El líder “no sabe lo que no sabe”, y su reto es ampliar su entendimiento y preparar a la organización internamente antes de adoptar nuevas tecnologías.

Lo que definirá el futuro es cómo las empresas integren esa tecnología a su cultura y a su forma de operar, recordando que la persona sigue siendo el elemento central de cualquier proceso de transformación.




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