Nota publicada: 2026-01-04
Huatabampo: Los talleres mecánicos (I)
Bulmaro Pacheco
Al enviudar de Victoriano Blanco, Paula Ramírez, se vio obligada a emigrar de la comunidad “El Ranchito”, en Choix, Sinaloa, a finales de la década de los treinta del siglo pasado. Primero se trasladó a Bacobampo, donde ya tenía parientes, y posteriormente a Huatabampo donde logró asentarse con sus hijos y nieta..
Lo hizo acompañada de sus hijos: Victoriano, María de Jesús, Juan, Honorato, Ramón y Socorro, su nieta.
Juan, nacido en 1920, y Honorato trabajaron en el taller de Rafael Arias, donde aprendieron las bases de la mecánica y de la venta de refacciones. Con el tiempo, a partir de 1947, crearon su propio taller sobre la avenida Constitución —atendido por Juan—, combinado con la refaccionaria que administraba Honorato, quien la complementó con varios negocios y la cerró en 1970. Para la adquisición de tecnología de mayor capacidad contaron con el apoyo de Baltazar Domingo Ibarra Espinoza.
Juan se casó con Carlota Ibarra Heredia, hoy de 93 años, y procrearon ocho hijos: Juan, Yolanda, Carlos, Mercedes, María Elena, Esther, Luis Fernando y Francisco Javier.
El taller, con torno y soldadura, registra todavía una intensa actividad y es hasta ahora —a 78 años de su fundación— uno de los más antiguos de Huatabampo y de los más activos, según afirma su hijo Carlos Blanco Ibarra, “El Conejo”, quien tiene bajo su responsabilidad uno de los talleres más emblemáticos del pueblo. Fue el tercero en la historia local que contó con torno, después del de Rafael Arias y el de Ramón “Chapo” Parra.
El taller de Rafael Arias, que fue escuela de varios mecánicos famosos del pueblo, ya no existe. Tanto la casa como el taller, ubicados anteriormente en la esquina de 16 de Septiembre y Alfredo Káram, desaparecieron para dar paso a una terminal de autobuses TUFESA, un módulo del INE, una pequeña empresa de helados y cafetería, y un expendio de nieve. Rafael Arias murió en el año 2000; su esposa Esthela, en 2011.
Lo mismo sucedió con las empresas Autorrefacciones del Mayo y la Proveedora Agrícola del Pacífico, que ahora han dado lugar a negocios como Kalisch-Acero, en el primer caso, y despachos contables, florerías y tiendas de regalos, en el segundo.
Muy cerca de ahí opera el taller del famoso “Güero Balatas”, Alberto Valle Acosta, hoy de 79 años. Llegó a Huatabampo desde Los Mochis, Sinaloa, y ha servido a la comunidad durante 46 años en su pequeño taller de balatas, frenos y ‘clutch’, además de su refaccionaria. Se manifiesta cansado de trabajar tanto y ya piensa en el retiro, dice.
En cambio, el nieto de don Ramón Parra, Ramón de Jesús Parra Ávila, “El Gringo”, se manifiesta orgulloso de la herencia de su abuelo y de su padre Raúl. Tiene 15 años con su propio taller, Torno y Rectificación Parra, ubicado por la calle Alfredo Káram, donde cuenta con su propio torno y con la herramienta heredada en vida por su padre Raúl.
El nieto de don Ramón busca ampliar su negocio y mantener la tradición del buen servicio al que acostumbró a la gente su abuelo. El otro hijo de Raúl, Raúl Parra Ávila, también tiene su taller de torno y soldadura frente a la Unidad Deportiva Melo Almada.
Don Ramón (Chapo) Parra, en su taller —que funcionó de 1948 a 2005—, formó a varios mecánicos que triunfaron en Huatabampo: Ricardo Ruiz, Santos Espinoza, Juan Hurtado Villegas, Gilberto Avilés, Fernando Valenzuela “El Secuaz”, Alejandro Escalante “El Baleado”, Juan José Leyva Castro “El Cheli”, Adán Gutiérrez y Raúl Parra “El Turichi”, entre otros.
A decir de su hijo Ramón Ángel, hoy de 83 años, en su tiempo fue el taller más completo del municipio: automotriz, agrícola, soldadura eléctrica y autógena, carrocería, pintura, torno y rectificaciones. Fue famoso por afinar y arreglar el carburador “para que no hiciera ruido “ la carroza Cadillac-Chevrolet negra de ocho cilindros —proveniente de Gayosso— de la única funeraria del pueblo en aquel tiempo, propiedad de Ema Otero.
El taller de Saúl Guzmán Castro, también de torno y soldadura, rebasa ya los 40 años desde su fundación. Saúl estudió en Guasave, Sinaloa, la carrera técnica de “Máquinas y Herramientas” y se fogueó en el taller de Juan Blanco. Tuvo su propio negocio primero en su casa, con un torno pequeño; después en la colonia 14 de Enero, y finalmente en un terreno que le compró a la familia de Tomás Nieblas. Su taller se ubica detrás de lo que fue el taller del recordado Chato Gil, hijo del célebre Jesús Gil, en un amplio terreno que abarca lo que en su tiempo fue la panadería de la familia Noris, pioneros de Huatabampo en esa actividad.
El taller de Rafael Osuna Rojo (torno, rectificación y maquinaria agrícola) tiene más de 50 años y se localiza por la calle Alfredo Káram, frente a los almacenes. Rafael murió en 1990 y el negocio ha sido atendido por sus hijos: Rosa, Antonio y Juan. El taller está ubicado en casas que anteriormente pertenecieron a la familia Valverde, donde por mucho tiempo funcionó un taller de reparación de calzado dirigido por su propietario, Pancho Valverde.
De lo que fue el taller de Ricardo Ruiz Gutiérrez —automotriz y de maquinaria agrícola—, formado en el taller de don Ramón Parra, ya solo queda el recuerdo y un portón de acero. Dicho taller funcionó frente a la casa de Chayo Muñoz.
Todos recuerdan con nostalgia los talleres eléctricos de Etcheagaray y de Guadalupe Cota, “El Zorrillo”, mecánicos prácticos y muy efectivos. El taller de Etcheagaray funcionó durante años donde hoy operan una tienda Oxxo y un expendio de “Pollo Feliz”, sobre la avenida Juárez, frente a la gasolinera de la familia Martínez. El de Cota se ubicaba a un lado de donde actualmente está la CFE.
También se recuerda al mecánico de origen español, Jesús Antonio Valdespino Araux, al experto en motobombas “El Pipas”, al de Ramón “Mocho” Nieblas, ubicado a un costado de la oficina del agua potable; al de Chico Otero, junto a los Serna; al de don Eulalio Borbón y al de Manuel Ibarra, a la salida a Etchoropo.
O el de don Edmundo Cota Blanco, pariente de la familia Blanco, formado en ambos talleres, Blanco y Arias. Mundo fue comandante de la policía durante el gobierno municipal de Heliodoro Soto padre.
Capítulo aparte merece el taller de radiadores del recordado “Chacali”, Zacarías Mendoza (a) el Bribón que por años funcionó en la Colonia 14 de enero. Recordados son también mecánicos capaces y siempre dispuestos, como René Figueroa y Fernando “Chopo” Serna Valenzuela.
La mayoría del personal dedicado a la mecánica fueron prácticos, sencillos y dispuestos, formados en talleres-escuela o mediante estudios por correspondencia.
Conforme avanzaron los proyectos agroindustriales y pesqueros del pueblo, fueron apareciendo nuevos talleres más modernos, con tecnologías recientes y una mayor inversión. Todos ellos al igual que los carroceros que hicieron historia merecen capítulo aparte.
Con todo eso, todavía se recuerda con aprecio a los pioneros del negocio que abrieron brecha, casi todos ellos formados en la práctica y en la auténtica necesidad de trabajar para sobrevivir.
Como negocios abiertos al público, era muy común la costumbre de visitar a los mecánicos para platicar con ellos durante las horas de trabajo. En parte por ello surgieron las leyendas clásicas escritas en las paredes: “NO PRESTAMOS HERRAMIENTA”, “NO ACEPTAMOS RIFEROS NI COBRADORES” y la genial: “SI NO TIENES NADA QUE HACER, NO LO VENGAS A HACER AQUÍ”.