• Hermosillo, Sonora, México a     |  Año 29 No. 11    

Tesis equivocadas de la 4T sobre política mexicana 

Bulmaro Pacheco / [email protected]




Nota publicada: 2025-08-31

Tesis equivocadas de la 4T sobre política mexicana 

Bulmaro Pacheco

 

El enfrentamiento a golpes del dirigente nacional del PRI Alejandro Moreno con Gerardo Fernández Noroña en la sesión de clausura de la Comisión Permanente, sólo es el reflejo de la tensión política que se vive en México ante la cerrazón del gobierno de Morena y su negativa al diálogo con la oposición. Todos los días son de burla y desprecio a los opositores por parte del aparato de Estado y sus mecanismos publicitarios, y en todo momento acusándolos de cuanto mal se presenta en México como respuesta a la ineptitud y escasa visión de los nuevos gobernantes.

Desde su llegada al poder en 2018, la llamada cuarta transformación anunció “tiempos de cambio” para México. Se presentaron como distintos a quienes gobernaron antes que ellos y asegurando que las cosas “ya no serían iguales”, y que los últimos 36 años de gobierno habían sido tiempo perdido para el país porque no se había experimentado progreso en México.

En su narrativa, Felipe Calderón fue señalado como el responsable de gran parte de las crisis actuales y, además, acusado de haber “robado” la elección presidencial de 2006, que dejó a López Obrador a solo 0.56 % de los votos de alcanzar la Presidencia.

Al inicio del sexenio lopezobradorista hubo un silencio casi total sobre el expresidente Enrique Peña Nieto —a quien también responsabilizan del triunfo de Morena en 2018— debido a la cadena de corrupción y frivolidad que marcó su administración, así como la irresponsabilidad con la que manejó su propia sucesión.

Desde antes de entregar el poder, Peña Nieto permitió a López Obrador avanzar en decisiones clave para el país, como la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de La Ciudad México y la reforma educativa, incluidas las instituciones creadas para implementarla.

El gobierno que llegó en 2018 y repitió triunfo en 2024 carece de una ideología definida que lo distinga. El PRI, en su momento, hablaba de los pendientes de la Revolución Mexicana y de cómo sus presidentes buscaban aterrizar los postulados constitucionales en educación, salud y desarrollo económico. El PAN, cuando llegó al poder en 2000, tampoco presentó un proyecto ideológico claro: su lema era simplemente el “Cambio”. De hecho, muchas de sus propuestas históricas ya habían sido aplicadas por gobiernos priistas desde que el PAN se convirtió en partido negociador a partir de 1989.

Hoy, Morena muestra una ideología confusa, en parte por su integración política y por el pragmatismo con que ha sumado militantes de otros partidos: PAN, PRI, PRD e incluso figuras del sector privado. Aun así, ha intentado construir un discurso propio para justificar su gestión, su partido y los limitados avances logrados.

Uno de los sellos de este gobierno ha sido el cierre de canales de diálogo con la oposición, rompiendo una tradición política que, desde los gobiernos del PRI y PAN, permitía negociar reformas importantes para el país. Desde esa postura, Morena sostiene varias tesis a nuestro juicio equivocadas, que conviene analizar:

1. “LA OPOSICIÓN NO EXISTE”.

El oficialismo insiste en que la oposición está borrada del mapa, pero la realidad es distinta. En la elección intermedia de 2021, la oposición obtuvo dos millones de votos más que Morena, lo que llevó al entonces presidente López Obrador a acelerar la cooptación de legisladores y la compra de votos mediante transferencias directas de recursos. Además, diseñó con antelación un esquema sucesorio para imponer candidatos y negociar posiciones en Morena.

A pesar de que en 2024 la oposición obtuvo el 46% de los votos frente al 54% del oficialismo, las autoridades electorales terminaron asignándole solo el 24% de la representación legislativa, mientras que Morena y sus aliados recibieron el 74%, garantizando La mayoría calificada.En el Senado se consiguió mediante el “traspaso” oportunista de legisladores del PRD, PAN y Movimiento Ciudadano. Solo así el oficialismo pudo impulsar reformas constitucionales a su medida como la elección del poder judicial.

2. “LA OPOSICIÓN ESTÁ MORALMENTE DERROTADA”.

Esta frase, repetida por la dirigencia de Morena, es una copia adaptada de la sentencia histórica de Benito Juárez: “El triunfo de la reacción es moralmente imposible”. Juárez se refería a quienes promovieron (Gutiérrez Estrada, Juan Nepomuceno Almonte y otros) que México fuera gobernado por un príncipe europeo, tras la guerra con Estados Unidos y la Constitución de 1857.

La comparación con la oposición actual es desproporcionada y revela más bien la falta de sustento ideológico de Morena, que ha enfrentado numerosos escándalos internos por problemas de corrupción, frivolidad e improvisación de quienes a cada rato sostienen que son diferentes. Morena cuenta ahora con un importante número de miembros “moralmente derrotados” por los escándalos de corrupción y frivolidad que se han visto envueltos.

3. “LA REVOLUCIÓN DE LAS CONCIENCIAS”.

Este lema es un préstamo de la revolución de “terciopelo” acuñada por Václav Havel, expresidente de Checoslovaquia, escritor y poeta que sufrió tanto la invasión Nazi como la dictadura soviética en su país. En los años noventa, algunas revoluciones pacíficas adoptaron nombres simbólicos, como la “Revolución de los Claveles” en Portugal (1975) o las “Primaveras” en Medio Oriente, donde la presión popular logró derribar gobiernos autoritarios.

En México, sin embargo, la frase “revolución de la conciencias” —que nunca ha sido real—, suena más a cursilería política que a una propuesta ideológica sólida. No saben ni cómo llamarle a su gobierno, menos a sus acciones partidarias.

4. “MORENA NO ES PARTIDO, ES MOVIMIENTO”.

Morena insiste en definirse como “movimiento” para diferenciarse de los partidos políticos tradicionales, cuya imagen está desgastada. No obstante, Morena es un partido político registrado que participa en elecciones desde 2015 y recibe prerrogativas conforme a la ley. Su insistencia en negar su naturaleza partidista es más retórica que real porque su operación se ajusta a lo que establece la ley general de partidos políticos reglamentaría del artículo 41 Constitucional.

5. “EL NEOLIBERALISMO NO SIRVIÓ”.

El oficialismo descalifica el periodo conocido como “neoliberal”, ignorando que durante esos años se aprobaron reformas clave que hoy lo benefician: la fundación del PRD (1989), la creación del IFE (1990), la reforma de la Suprema Corte (1995) la elección directa en la Ciudad de México (1997) y la ampliación de la representación proporcional en las cámaras legislativas, entre otras.

Entre 1935 y 1982 la economía mexicana creció 6.1%. Entre 1983 y 2018 el crecimiento fue del 2.3% y del 2018 al 2024 solo 0-98%.

La pregunta es inevitable: ¿Cómo se puede presumir reducción de la pobreza en una economía que no crece?¿Qué riqueza se reparte entonces? Quien logre responderla con rigor, bien podría ser candidato al Nobel de Economía. Lo que ellos llaman el período “neoliberal” (1983-2018) —que no fue lo perfecto ni idílico que se presumió por la violencia experimentada—no tan intensa como ahora—, pero con apertura política y reformas trascendentes, le dejó a México entre otras cosas; reformas políticas democráticas, crecimiento económico, rendición de cuentas y desarrollo social, algo que no hemos visto en los años que van de la auto-llamada cuarta transformación.

6. “MÉXICO, EL PAÍS MÁS DEMOCRÁTICO DEL MUNDO”.

Así se lo han hecho decir a la presidenta de la República para buscarle una justificación a la desaseada y cuestionada elección de los miembros del nuevo Poder Judicial sustentada en acordeones y que solo alcanzó la participación de menos del 10% del padrón electoral. Además, en las mediciones mundiales de acceso a la democracia, según la prestigiada revista The Economist, México se encuentra hoy en el lugar 90 de 167 países. Algo lejos del número 1 contrastando con naciones como Uruguay (14) Costa Rica (17) y Chile (25). En estos últimos siete años de gobierno, México ha retrocedido: el poder se concentra cada vez más y las instituciones autónomas y contrapesos han desaparecido para acomodar el discurso oficialista. Se acabó el diálogo con las oposiciones, ahora reducidas a “críticos del modelo”,y ahí está el origen de las tensiones y los enfrentamientos que no han sabido resolver.

¿Hasta cuándo durará Morena en el poder? Nadie lo sabe, pero los guiños a los modelos de Hungría, Venezuela y Nicaragua son evidentes. El 2027 —con casi 20 mil cargos de elección popular en disputa— será un año decisivo y quizá un aviso de lo que pudiera venir en 2030. Ya se verá.

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