• Hermosillo, Sonora, México a     |  Año 29 No. 11    

La Presidenta, la CNTE y el SNTE.

Bulmaro Pacheco / [email protected]


Nota publicada: 2026-06-21

La Presidenta, la CNTE y el SNTE.

Bulmaro Pacheco.

 

Tarde se dio cuenta la presidenta Claudia Sheinbaum de que el esquema de negociación de su gobierno con los maestros disidentes estaba equivocado y que a pesar de tantas concesiones otorgadas a la llamada Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) el conflicto no cedía ni disminuían las presiones en los estados que dicen representar.

Ahora, la presidenta sostiene que las negociaciones se darán en cada uno de los estados y en forma tripartita: Gobierno, organización sindical y autoridades estatales, para respetar la representatividad de los trabajadores en cada entidad, ya que en esa materia la CNTE está muy por debajo del SNTE al representar apenas a poco más del 9% de los trabajadores contra quienes tienen la titularidad del contrato colectivo desde hace más de siete décadas, es decir el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, con sus respectivos liderazgos ejercidos en más de 60 secciones sindicales (federales y estatales) en México.

La Coordinadora surgió en México en 1979 en el sur del país —básicamente Chiapas y Tabasco—, debido a los altos niveles de inflación provocados por las inversiones petroleras en ambas entidades. El alto costo de la vida no tardó en presentarse en esas regiones y la protesta magisterial también.

A eso le sumaron la bandera de la “democratización sindical” debido a que por más que hacían, los inconformes nunca ganaban el liderazgo en las secciones sindicales respectivas por el férreo dominio que en aquel tiempo ejercieron primero el grupo de Jesús Robles Martínez y Manuel Sánchez Vite y, posteriormente, por el del grupo llamado “Vanguardia Revolucionaria”, del ex gobernador de San Luis Potosí Carlos Jonguitud Barrios. O sea, las demandas originales que por muchos años distinguieron a la CNTE fueron 100% de incremento salarial y democratización sindical.

Con el tiempo, la CNTE amplió su dominio político: ganó las dos secciones sindicales de Chiapas y la de Oaxaca, se extendió a Guerrero, Michoacán, Puebla, Hidalgo, Morelos, y el Distrito Federal, donde logró presencia importante en las secciones sindicales 9, 10 y 11. Ahora declara avances en la sección 34 de Zacatecas.

En 1972 cae del liderazgo real el grupo de Jesús Robles Martínez y lo sustituye Carlos Jonguitud Barrios con todo el apoyo del presidente Luis Echeverría, que lo había tratado como oficial mayor de la SEP.

17 años después, Carlos Jonguitud cayó de la gracia del gobierno —en 1989— y fue sustituido en el liderazgo por Elba Esther Gordillo.

Elba extendió la mano para tratar de negociar con la CNTE y profundizó en las demandas tradicionales del magisterio como han sido siempre mejores sueldos y prestaciones. Respetó las victorias disidentes en entidades dominadas por la CNTE y buscó acuerdos con ellos impulsando nuevos liderazgos y buscando acuerdos con los gobernadores de los estados.

Al mismo tiempo negoció con los presidentes Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.

A Jonguitud el gobierno lo promovió al Senado, a la gubernatura de San Luis Potosí y a la dirección del ISSSTE.

A Elba Esther Gordillo el gobierno la promovió a ambas cámaras legislativas y en los gobiernos del PAN le otorgaron el ISSSTE y la Lotería Nacional. También, algunos gobernadores le cedieron el control de las secretarías de Educación de algunos Estados para llevar la fiesta en paz.

Sin embargo y a pesar de todo eso la CNTE siguió avanzando.

Hubo estados que consintieron tanto a la disidencia, como Oaxaca donde les daban todo, tanto en gobiernos del PRI como en el de las oposiciones.

Elba Esther cayó de la gracia del gobierno en 2013 y pasó casi seis años en la cárcel acusada de malos manejos con los recursos del sindicato. López Obrador rechazó el apoyo que la lideresa magisterial le ofreció en la cuestionada elección del 2006.

Ya con la victoria de Morena en el 2018, el presidente López Obrador les cumplió el compromiso de echar abajo la reforma educativa del presidente Peña Nieto. También nombró en la SEP a una de las maestras representativas de la disidencia (Leticia Ramírez) y ni así logró el control de las manifestaciones de la disidencia sindical.

El SNTE por su lado sustituyó a Elba Esther, primero con el profesor Juan Díaz de la Torre y posteriormente con el dirigente coahuilense Alfonso Cepeda, a quien Morena promovió como senador de la República por la vía plurinominal.

Con el tiempo las demandas de la CNTE se incrementaron: Democracia sindical, incremento salarial y ahora la derogación de la ley del Issste del 2007 del gobierno de Felipe Calderón, que creó la Afore Pensionissste para tratar de paliar la crisis de las pensiones que rebasaba ya la capacidad de la institución para cumplir sus obligaciones.

Las tensiones contra el gobierno de Morena se intensificaron y llegaron a provocar un verdadero caos en la Ciudad de México y en otras ciudades importantes de México.

La presidenta Sheinbaum, en lugar de salvaguardar el Estado de derecho y atender los intereses de la población afectada por la violencia de la CNTE, a cada rato afirmaba que no se “iba a reprimir a nadie” dejando el terreno libre para todo tipo de desmanes de los grupos radicales incluyendo el decomiso de bombas molotov trasladadas a la Ciudad de México por normalistas de Ayotzinapa, sin que nadie fuera acusado de delito alguno. A ese nivel.

El SNTE y sus liderazgos, por su parte, atendiendo el compromiso de su dirigencia nacional, ofrecieron afiliar a millones de trabajadores de la educación a Morena mientras la crisis les estallaba entre las manos. Eso nunca pasó con los dirigentes históricos del SNTE ni en los gobiernos del PRI y el PAN. Nunca. Es una novedad que la dirigencia nacional debe replantearse ante la enorme pluralidad del sindicato que históricamente ha demostrado su peso en los procesos electorales, con o sin partido político, (PANAL) y respetando la libertad de los maestros de votar y participar en la opción política que mejor les acomode y consideren apropiada sin forzar a nadie. Deberían leer muy bien el mensaje que les enviaron en Coahuila —tierra del dirigente nacional—aquellos que afiliados o no ya no votaron por Morena. Por algo será.

Las tensiones entre la CNTE y el gobierno de Morena han entrado en una pausa que seguramente no durará mucho. La atención popular sobre el campeonato mundial de futbol y las vacaciones escolares han aminorado las tensiones, y la CNTE se ha ido en retirada, lo que no quiere decir que el conflicto se haya resuelto. Todavía veremos mucho en esta interminable historia de polarización política que vive México y que sin duda, afecta la calidad de la educación que se imparte en las escuelas públicas. Se requiere mucha imaginación política y una política incluyente por parte del gobierno, y también una mayor autoridad política y moral de las dirigencias sindicales más allá del triunfalismo cortoplacista en el que han entrado en los últimos años.

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