Nota publicada: 2026-05-28
La futura base lunar de la NASA busca convertirse en un laboratorio científico para ensayar misiones humanas a Marte, crear tecnologías para sobrevivir en ambientes extremos y estudiar materiales que desaparecieron hace miles de millones de años en la Tierra, afirmó Carlos García-Galán, director del programa.
“Si estás pensando en escalar el Everest necesitas una preparación previa en sitios mucho más fáciles: montañas más bajas y más cercanas. Bueno, para ir a Marte es lo mismo. Necesitamos perfeccionar tecnologías, aprender sobre operaciones y logística en la Luna como un prerrequisito para ir a Marte”, explicó en entrevista con La Jornada.
Dentro del programa Artemis, García-Galán, quien tiene más de 27 años de experiencia en vuelos espaciales tripulados, está a cargo de la gestión y coordinación general de la base lunar de la NASA, que ayer presentó la primera de tres fases previstas para los próximos dos a tres años.
Desafíos técnicos
El experto identifica tres desafíos técnicos para construir infraestructura en la superficie lunar. El primero es que la industria tenga la capacidad de producir suficientes naves para ir a la Luna en los próximos años. El segundo es diseñar sistemas que soporten las condiciones extremas del espacio profundo.
En la zona del Polo Sur de la Luna –donde esperan establecerse–, el Sol permanece a 2 o 3 grados sobre el horizonte y las noches pueden durar 14 días. En las áreas iluminadas, las temperaturas pueden superar 127 grados Celsius, y en las regiones de sombra pueden descender por debajo de 200 grados.
“Imagínate tener un brazo al que le esté dando el Sol, y otro en una zona de sombra. Es una diferencia abismal de temperatura y desarrollar sistemas que puedan sobrevivir a eso es muy difícil. Tenemos que crear esa tecnología”, detalla.
El tercer reto en este proyecto es generar las condiciones para la vida humana en el espacio. “Los humanos necesitamos mucho, tenemos que diseñar toda una cadena logística a cuatro días de la Tierra”.
Durante la conferencia sobre el proyecto, la NASA informó la adjudicación de contratos por cientos de millones de dólares a cuatro empresas privadas de Estados Unidos para la construcción de módulos de aterrizaje, vehículos todo terreno y drones destinados a recorrer la superficie lunar.
García-Galán explica que la filosofía de la NASA es concentrarse en aquello “casi imposible” de realizar y que una empresa privada no podría hacer por sí sola, mientras la construcción de naves y el traslado de carga se quedarán en manos de la industria. “Nosotros seguiremos teniendo el rol de liderar, de seguir financiando e invirtiendo en la base lunar con toda la logística necesaria”.
Como parte de esta iniciativa, los expertos prevén actividad robótica 24 horas al día, 365 días al año, y que en una primera etapa la tripulación pueda visitar la base lunar dos veces por año.
“Construiremos la base lunar a partir de la actividad robótica y del trabajo que realicen los humanos, hasta que tengamos la capacidad de mantener gente de forma permanente trabajando ahí.”
Sobre el impacto que podría tener este programa en la vida cotidiana de las personas en la Tierra, García-Galán considera que hacer posible algo que “parece ciencia ficción” inspirará a nuevas generaciones. “Llevará a muchos niños y niñas a repensar la ingeniería, las ciencias físicas o incluso a ser profesores”.
Así como Apolo impulsó la microelectrónica en las décadas de 1960 y 1970, al miniaturizar computadoras que ocupaban habitaciones completas para incorporarlas en naves espaciales –lo cual derivó en telefonía móvil, por ejemplo–, la NASA espera que esta nueva misión genere avances similares.
“Hacer un reactor nuclear en la Luna, eso tendrá un impacto en la Tierra, que podría llevarnos a suministrar energía eléctrica en zonas que ahora no tienen”, subraya.
García-Galán considera que el inicio de la presencia humana permanente fuera de la Tierra ocurrirá cuando las primeras misiones de astronautas lleguen a la superficie lunar y puedan interactuar con infraestructura instalada de manera previa, como robots o vehículos autónomos.
“Cuando haya varios componentes funcionando juntos, ahí diré: estas son las primeras etapas de la base lunar”, sostiene.
Sobre cómo este programa podría transformar la relación cultural y emocional de la humanidad con la Luna, el ingeniero de la NASA –que habla con certeza sobre la evolución tecnológica de la misión– admite que no puede anticiparlo.
“Sé que va a cambiar, pero no te puedo decir cómo. Yo sabía todos los detalles de la misión Artemis II, la vivimos, y cambió totalmente mi manera de pensar sobre la Luna. Así que no puedo imaginar lo que ocurrirá cuando tengamos personas allí de forma permanente o incluso en misiones de corta duración. Seguro cambiará nuestra perspectiva.”