Nota publicada: 2026-04-07
Washington y Nueva York., El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, hizo a un lado acusaciones de que sus amenazas de destruir por completo la infraestructura civil de Irán, o incluso “devastar el país entero”, sean crímenes de guerra internacionales, aunque un coro creciente de voces dentro y fuera del territorio estadunidense han declarado que Washington, junto con Tel Aviv, han violado la Convención de Ginebra.
En conferencia de prensa en la Casa Blanca ayer, el mandatario insistió en que su gobierno e Irán negocian mediante terceros para buscar un alto a la guerra, pero amenazó que si Teherán no acepta sus demandas antes de las 20 horas de hoy (en Washington; 18, tiempo de México), sus fuerzas armadas destruirán todos los puentes y plantas de energía en Irán.
“Tenemos un plan con el poderío militar, todo puente en Irán será diezmado para la medianoche de mañana, donde cada planta de energía estará fuera de comisión, incendiada, explotando y para nunca usarse de nuevo”, afirmó ante reporteros.
De hecho, su primer comentario fue aún más apocalíptico, al afirmar que el país entero de Irán “podría ser devastado en una noche y esa podría ser la de mañana”.
Advierten de violación a la Carta de Naciones Unidas
Cuando un reportero preguntó si le preocupaba que ataques deliberados sobre infraestructura civil viole las Convenciones de Ginebra y otros elementos de la ley internacional, Trump respondió que “para nada” y que las suposiciones de que Irán sigue buscando construir armas nucleares lo justifica, sin recordar que él ya había dicho que esa capacidad había sido destruida.
Sin embargo, las ex abogadas militares jubiladas Margaret Donovan y Rachel Van Landingham publicaron en Just Security que el presidente y los altos mandos castrenses deberían estar preocupados. “Tales declaraciones retóricas –si se cumplen– estarían entre los crímenes de guerra más serios y, por lo tanto, las expresiones del mandatario colocan a mandos del Pentágono en una situación profundamente riesgosa”.
Enfatizaron que “la ley de guerra prohíbe actos o amenazas de violencia cuyo propósito primario es difundir terror entre la población civil”.
La semana pasada, más de 100 expertos en derecho internacional emitieron una advertencia pública de que la guerra estadunidense contra Irán viola la Carta de la Organización de Naciones Unidas y podría ser un crimen de guerra, incluso antes de las amenazas del republicano contra objetivos civiles este lunes.
El secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, recordó este lunes que atacar infraestructura civil está prohibido bajo la ley internacional.
“Aun si la infraestructura civil específica califica como un objetivo militar”, un ataque sigue estando prohibido si arriesga “daño a la sociedad incidental excesivo”, afirmó Stephane Dujarric, un vocero de la ONU, a la agencia Ap.
Pero el derecho internacional no era asunto presente para el mandatario estadunidense. Trump comenzó su día presentándose con su esposa y un ayudante vestido con un disfraz de conejo de Pascuas en el rito anual de la búsqueda de huevos en la Casa Blanca con niños y sus familias, sólo para aparecer inmediatamente después para hablar de ataques militares que podrían devastar el pueblo –y sus infancias– de otro país.
Ahí fue acompañado, no por el conejo, sino por el jefe del Estado Mayor, el secretario de Guerra y el director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) para elogiar el rescate de dos pilotos del avión caza F-15 derribado en Irán. Trump, como suele hacer, proclamó que la operación fue una que “nunca nadie ha visto algo así”. De ahí, advirtió a Irán que todo su país podría ser devastado “en una sola noche”.
Líderes militares ofrecieron una narrativa detallada de los rescates de los pilotos, todo presentado como algo que sólo fue posible por el valiente liderazgo del comandante en jefe Trump. Reporteros preguntaron si tenía un proyecto para poner fin a la guerra contra Irán, a lo cual el republicano respondió: “tengo el mejor plan de todos, pero no les comentaré cuál es”.
Entre los comentarios del presidente mientras estaba junto al conejo de Pascuas, afirmó que le “gustaría tomar el petróleo de Irán”, pero que la opinión pública estadunidense está a favor de regresar las tropas a casa y poner fin a la guerra.
Soñando con Caracas
En la conferencia de prensa posterior, el jefe de la Casa Blanca repitió su deseo, y regresó a lo que asegura es su gran logro en Venezuela. Comentó que después del secuestro de Nicolás Maduro, Estados Unidos obtuvo acceso al petróleo del país sudamericano.
“Como saben, la guerra había acabado como en unos 45 minutos”, comentó con cierto anhelo. “Somos socios de Venezuela y hemos tomado cientos de millones de barriles, cientos de millones, más de 100 millones de barriles que ya están en Houston, refinados y enviados”.
Agregó que en tiempos pasados, a los vencedores en las guerras se les permitía tomar los recursos del país vencido y lamentó que eso no ha sido el caso desde la Segunda Guerra Mundial.
Varios altos funcionarios del gobierno de Trump han comentado que el presidente pensaba que una guerra contra Irán sería concluida rápidamente, como en el caso de Venezuela, y que se frustró cuando eso no ocurrió.
Este lunes, el mandatario regresó al tema de la “victoria” estadunidense en Venezuela como su modelo preferido de intervenciones en el extranjero. “Dicen que si me lanzara para presidente de Venezuela, estoy con niveles de aprobación en la encuestas más altos que cualquiera jamás en ahí”, sostuvo con una sonrisa.
“Entonces después de que acabe con esto, podría ir a Venezuela. Rápido aprendería español, no tomaría mucho tiempo, soy bueno para los idiomas (sólo habla inglés hasta donde se sabe), e iré. Voy a lanzarme para presidente”. Pero agregó que por ahora, Estados Unidos está “muy contento” con el gobierno actual en Caracas.
Sin embargo, en su propio país, hay cada vez más voces alarmadas por las declaraciones del presidente. “Eso no está haciendo a Estados Unidos grande otra vez, esto es maldad”, comentó en sus redes sociales la ex diputada republicana ultraderechista Marjorie Taylor Greene, quien hasta hace unos meses fue fanática del jefe de la Casa Blanca.
El senador demócrata Chris Murphy expresó: “si yo estuviera en el gabinete… hablaría con abogados constitucionales sobre la 25 Enmienda (de la Constitución)”, que aborda la destitución de un presidente incapacitado. “Esto es completamente, absolutamente, loco. Ya ha matado a miles, va a matar a miles más”, advirtió.
El senador Bernie Sanders, en un mensaje por sus redes sociales en respuesta a las declaraciones de Trump, coincidió. “Estos son los delirios de un individuo peligroso y mentalmente desequilibrado. El Congreso debe actuar ahora mismo. Pongan fin a esta guerra”.
Sin embargo, el coro disidente aún no incluye a figuras políticas del partido del presidente ni de otros en la cúpula estadunidense, y cada día aún más notable por su ausencia está la mayoría de gobiernos del mundo –más allá de su retórica– que tanto hablan de de-fender el derecho internacional y sus principios.