Nota publicada: 2026-02-16
Washington y Nueva York., ¿Se realizarán las elecciones legislativas federales en noviembre de 2026 en Estados Unidos? Sólo el hecho de que esa pregunta está presente en el debate nacional –no hay precedente en la historia moderna del país de unos comicios postergados o anulados por el gobierno federal– y que muchos comentaristas advierten que no se puede descartar, ya es un indicador en sí de qué tan grave es el deterioro político a escala federal en lo que se autoproclamaba “el faro de la democracia”.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha buscado generar duda sobre la imparcialidad de la próxima elección federal al acusar que sus opositores intentan subvertir los comicios al permitir que inmigrantes no ciudadanos emitan votos, situación por la que es repetidamente cuestionando si el proceso constitucionalmente obligatorio debería ser cancelado. También ha expresado que está contemplando ordenar que el voto en estados gobernados por demócratas sea puesto bajo control de su gobierno.
“Los republicanos deberían nacionalizar el proceso de voto. Tenemos estados que son tan corruptos y son los que cuentan los sufragios”, comentó Trump en una entrevista con un pódcast derechista a principios de este mes, ignorando el hecho de que bajo la Constitución los estados son los responsables de administrar toda elección y que el gobernó federal no tiene un papel en ese proceso.
Panorama adverso para republicanos
Trump también señaló que ahora se arrepiente de no haber ordenado a la Guardia Nacional confiscar las máquinas de votación después de la elección presidencial de 2020, que perdió aunque jamás ha reconocido su derrota.
El problema para el mandatario y su partido en esta coyuntura es que históricamente el partido que gana la elección presidencial suele perder poder en los siguientes comicios intermedios dos años después, y los sondeos por ahora indican que este año no será excepción.
Al reconocer esta realidad, Steve Bannon, el ex estratega político de Trump e influyente comentarista del movimiento derechista, ha sugerido que el presidente podría considerar el despliegue de las fuerzas armadas y agentes de control migratorio a casillas en lugares que tradicionalmente han votado contra el presidente y sus aliados.
“Vamos a rodear las casillas con agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés). No vamos a permitir que se roben el país otra vez”, afirmó.
Una y otra vez, Trump y sus aliados acusan que el supuesto fraude masivo es perpetrado por inmigrantes sin derecho a voto. No importa que no existen pruebas para esta acusación y que el nivel de voto fraudulento es microscópico en las elecciones federales. Ha insistido en que si no se expulsan a los indocumentados, “los republicanos nunca ganarán otra elección”.
“Trump ya concluyó que la elección de 2026 estará amañada, la pregunta no es si minará la confianza en las votaciones intermedias, sino como lo hará”, escribió Susan Glasser en The New Yorker. “Con un presidente que ya es el primero en nuestra historia en intentar revertir los resultados de una elección que perdió de manera decisiva, ¿que más se necesita para que reconozcamos que, cuando dice ese tipo de cosas, realmente tiene la intención de hacerlo?”
A pesar de la abrumadora evidencia al contrario, varios de los integrantes del gabinete presidencial han afirmado que Trump ganó la elección de 2020 y la Oficina Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) recientemente lanzó una nueva investigación sobre el proceso electoral en Georgia ese año. La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, afirmó que “no se puede garantizar” que autoridades migratorias y otros agentes federales no estén presentes en algunas casillas en noviembre.
Intimidación a votantes
Sin embargo, el mayor peligro no es si el presidente anulará los comicios en noviembre, sino que su combinación de amenazas, intimidaciones públicas y cambios en la administración de la elección tendrá un efecto profundo en quiénes y cuántos salen a votar. Bajo la Constitución, los gobiernos estatales administran el proceso electoral en cada uno de los 50 estados bajo reglas establecidas por el Congreso, el presidente no tiene autoridad ni un papel en ese proceso. Hasta ahora.
Trump explora cambiar las reglas. Los republicanos en el Congreso intentaron promulgar legislación que requiere que todo votante presente un comprobante de su ciudadanía y otro tipo de identificación, medidas que podrían reducir la tasa de participación de manera significativa porque mucha gente no tiene los tipos de identificación requeridos.
Otras medidas que Trump y sus aliados impulsan es poner fin al voto emitido antes del día de la jornada, el sufragio por correo y el requisito de boletas de papel, todo lo cual complican el proceso de administración para funcionarios locales.
En 2020, la campaña de Trump contrató a un ejército de cientos de abogados que se dedicaron a presentar demandas legales y buscaron postergar u obstaculizar el conteo de votos donde su candidato estaba perdiendo. Incluso, el propio presidente llamó personalmente a funcionarios estatales de Georgia para exigirles que buscaran la manera de darle otros casi 12 mil votos para superar el déficit con el cual perdió ese estado. Los funcionarios, republicanos, rehusaron, pero grabaron la llamada que, en esencia, era una solicitud de cometer fraude por el entonces presidente de Estados Unidos.
Aunque estos esfuerzos fracasaron ante los tribunales o por la negativa de funcionarios estatales y locales de cometer fraudes a favor de Trump, nutrieron dudas entre los fanáticos del presidente que culminó en el asalto violento del Capitolio, el 6 de enero de 2021, en un último intento de frenar la certificación del conteo final que confirmó el triunfo del demócrata Joe Biden.
Trump no ha dejado duda de que cuestionará los resultados electorales otra vez si concluye que los republicanos van perdiendo la mayoría, y por lo tanto, el control de una o ambas cámaras del Congreso. Cuestionado sobre si confiará en los resultado de la próxima elección si los republicanos pierden control del Congreso en una entrevista con NBC News este mes, el jefe de la Casa Blanca respondió que “lo haré si los comicios son honestos”.
“Para Trump, cualquier elección ganada por un demócrata es, por definición, parcial, engañosa, amañada”, explica Glasser, de The New Yorker. “Debido a las veces que el presidente ha repetido esto, parece razonable estipular que, lo más que los sondeos muestran es que el presidente y su Partido Republicano están perdiendo apoyo antes de las elecciones intermedias, ante lo cual lo más seguro es que él preventivamente cuestionará la posibilidad misma de que la elección pueda producir un resultado honesto y confiable”.
Ir a prisión, otro de los temores
Posiblemente tienen otra motivación más urgente que sólo el juego político. En noviembre ante un foro conservador, Steve Bannon fue franco en su discurso: “Con Dios como mi testigo, si perdemos las intermedias y (la presidencial) en 2028, algunos en esta sala irán a la prisión, incluido yo”.
A nueve meses de la elección intermedia, “la campaña para amañar a nuestras elecciones está avanzando”, afirma Sean Morales-Doyle, director del programa sobre derecho al voto en el Brennan Center, en un artículo en The New York Times. “Nos incumbe a todos –oficiales electorales, promotores, autoridades estatales y votantes– de ver los esfuerzos del gobierno por lo que son y repudiarlos”.