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El mundo ante el fin del último pacto nuclear entre Estados Unidos y Rusia

LA JORNADA /




Nota publicada: 2026-01-08

Londres. Incluso en el punto álgido de su rivalidad nuclear durante la Guerra Fría, Estados Unidos y la Unión Soviética negociaron una serie de tratados para evitar que la carrera armamentista se saliera de control.

Aunque no estuvieron de acuerdo en mucho más, los líderes de Moscú y Washington vieron el valor de las conversaciones (desde 1969 hasta mucho después del colapso soviético en 1991) para crear un marco estable y predecible que limitara el tamaño de sus arsenales nucleares.

Ahora, el último tratado nuclear entre Estados Unidos y Rusia, el Nuevo START, está a pocas semanas de expirar el 5 de febrero, y lo que vendrá después es incierto. Ambos países, preocupados por la guerra en Ucrania, no han mantenido conversaciones sobre un tratado sucesor.

El presidente ruso, Vladimir Putin, propuso en septiembre que ambas partes acordasen durante 12 meses más el cumplimiento de los límites del Nuevo START, que limita el número de ojivas nucleares desplegadas a mil 550 por cada lado.

El presidente estadunidense, Donald Trump, aún no ha dado una respuesta formal y los analistas de seguridad occidentales están divididos sobre la conveniencia de aceptar la oferta de Putin.

Por un lado, ganaría tiempo para trazar un camino a seguir y al mismo tiempo enviaría una señal política de que ambas partes quieren preservar un vestigio de control de armamentos.

Por otro lado, permitiría a Rusia seguir desarrollando sistemas de armas fuera del ámbito del Nuevo START, incluyendo su misil de crucero Burevestnik y el torpedo Poseidón. El ex planificador de defensa estadunidense Greg Weaver señaló en un artículo para el Atlantic Council, que Rusia se ha negado desde 2023 a aceptar inspecciones mutuas que darían a Washington garantías de que Moscú sigue cumpliendo con el tratado.

Aceptar la propuesta de Putin, añadió Weaver, también enviaría un mensaje a China de que Estados Unidos no aumentaría sus fuerzas nucleares estratégicas en respuesta al arsenal nuclear de rápido crecimiento de China.

"Esta señal probablemente socavaría las perspectivas de llevar a China a la mesa de negociaciones sobre control de armas, indicándole que las fuerzas estadunidenses seguirán siendo limitadas independientemente de lo que haga China".

Según la Federación de Científicos Estadunidenses, se han acumulado 5 mil 459 y 5 mil 177 ojivas nucleares, respectivamente. En conjunto, representan casi el 87 por ciento de todas las ojivas de este tipo a nivel mundial.

Sin embargo, China ha acelerado su programa nuclear y ahora cuenta con unas 600 ojivas.

El Pentágono estima que tendrá más de mil para 2030.

Aunque Trump ha declarado que quiere buscar la "desnuclearización" tanto con Rusia como con China, Pekín dice que es "irrazonable y poco realista" pedirle que se una a las conversaciones tripartitas de desarme nuclear con países cuyos arsenales son mucho mayores.

Para complicar aún más las perspectivas de un control global de armas, Rusia dice que las fuerzas nucleares de los miembros de la OTAN, Gran Bretaña y Francia, también deberían ser objeto de negociación, algo que esos países rechazan.

Nikolai Sokov, ex negociador de armas soviético y ruso, dijo en una entrevista telefónica que intentar forjar un nuevo tratado nuclear multilateral en este entorno era "casi un callejón sin salida. Tomará una eternidad".

Sokov, miembro destacado del Centro de Viena para el Desarme y la No Proliferación, dijo que una alternativa sería que Rusia y Estados Unidos elaboraran un sucesor del Nuevo START que incluiría límites flexibles de ojivas para tener en cuenta el aumento de armas nucleares chino.

Pero una vía más rápida y directa sería que los países se centraran en medidas para reducir el riesgo significativo de que estalle una guerra nuclear accidentalmente. Actualmente, por ejemplo, solo Rusia y Estados Unidos cuentan con una línea directa disponible las 24 horas del día, los siete días de la semana, para una crisis nuclear, mientras que «ninguna capital europea, ni siquiera la sede de la OTAN, puede comunicarse con Moscú. No existe una línea dedicada», afirmó Sokov.

"Sería fantástico que las partes iniciaran simultáneamente negociaciones sobre el control de armamentos. Pero hay que entender que el próximo tratado será muy complejo... Tomará tiempo. Por lo tanto, la prioridad número uno es la reducción de riesgos y el fomento de la confianza", añadió.


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