
Nota publicada: 2025-03-25
Los pensamientos rumiantes, caracterizados por su naturaleza repetitiva y negativa, afectan la salud mental de quienes los experimentan. Diversos estudios han señalado que este tipo de patrones mentales pueden contribuir a la ansiedad y la depresión, dificultando la concentración y la toma de decisiones.
Expertos en psicología sugieren estrategias para minimizar su impacto. La identificación temprana de estos pensamientos permite abordarlos con mayor eficacia. Técnicas como la meditación y el mindfulness han demostrado ser útiles para redirigir la atención al presente, reduciendo la tendencia a quedar atrapado en ciclos de pensamiento negativo.
Otra herramienta recomendada es la técnica de detención del pensamiento, que consiste en interrumpir activamente la rumiación mediante una acción concreta, como decir "alto" en voz alta o visualizar una señal de stop. Asimismo, actividades que requieren concentración, como la lectura, el ejercicio o la socialización, pueden desviar la mente de estos patrones repetitivos.
Los especialistas también recomiendan cuestionar la validez de los pensamientos rumiantes y evaluar si están basados en hechos objetivos o en suposiciones infundadas. Establecer un tiempo específico para reflexionar sobre preocupaciones diarias es otra estrategia que ayuda a evitar que estos pensamientos invadan la rutina.
Si bien estas prácticas pueden contribuir a una mejor gestión de la rumiación, los expertos advierten que en casos donde estos pensamientos interfieren significativamente con la vida cotidiana, es recomendable buscar apoyo profesional para un tratamiento adecuado.