• Hermosillo, Sonora, México a     |  Año 24 No. 724    

El testimonio de un antiguo vagabundo

LA VANGUARDIA DIGITAL /




Nota publicada: 2018-04-10

10 de abril del 2018.- “Nada más levantarme, mi almuerzo consistía en una cerveza detrás de otra”. Así pasaban los días para Manel Garcés antes de que su profunda adicción al alcohol y una vida de excesos le llevaran a vivir en la calle. Empezó a beber de manera intermitente a los 20 años, mientras compaginaba su vida con trabajos como el de feriante, camarero y hasta minero.


A medida que fue cumpliendo años, sus visitas al bar fueron aumentando y su bolsillo disminuyendo. Desde bien joven perdió a varios miembros de su familia y con el resto no tenía una estrecha relación. “Cuando me enganché al alcohol ya no me veía capaz de estar trabajando, la cabeza no me daba para más. Fue muy duro”. Como consecuencia, estuvo cinco años rodando por portales, cajeros automáticos y en los bajos de las tiendas. Después de todos estos cambios, pasó a vivir otro lustro en el interior de un parking donde se hizo su propio cobijo. Un total de 10 años en los que lo peor fue el desprecio y la soledad.


La gente nos desprecia porque se piensa que estamos en la calle porque queremos, pero está muy equivocada”


Ferran Busquets, director de la Fundación Arrels –entidad cuya misión es atender a las personas sin hogar– asegura que la sociedad no da dinero a la causa porque piensa que los sintecho se lo gastarán en alcohol. Él, además, reconoce que estos casos existen. “Hay personas sin hogar que necesitan dinero para pagar sus latas de cerveza porque, de lo contrario, tienen un peligro mayor: el síndrome del delirium tremens”, más conocido como síndrome de abstinencia.


Manel pasó años tirado en la calle, sin nadie con quién hablar y consumido por el alcohol. Gracias a la ayuda de la Fundación Arrels, de los médicos y de su propia voluntad ha podido salir de la calle y recuperarse de su enfermedad, “sino estaría otra vez en el pozo o muerto”. Por ello, Manel invita a la sociedad a perder el temor a hablar y pensar que esa persona vale lo mismo que cualquier otra. “Lo que le falta es ayuda y hay que prestársela. Sino siempre será un borracho, porque tú quieres que así lo sea”.


Manel invita a la sociedad a perder el temor a hablar y pensar que esa persona vale lo mismo que cualquier otra


Los años que pasó en la calle y el elevado consumo de alcohol le acarrearon graves problemas de salud. El 16 de noviembre de 2016 recibió una llamada que nunca olvidará. “El Hospital Clínic de Barcelona me llamó diciendo que tenían un riñón para mí y ese mismo día ingresé”. Desde entonces, Manel no ha vuelto a beber. La Fundación Arrels cuenta con una red de casi 80 pisos individuales y compartidos. Desde hace dos meses, reside solo en uno de estos pisos. El director de Arrels cuenta que los únicos tres requisitos que los inquilinos tienen que cumplir son hacer una pequeña aportación proporcional a sus ingresos, aceptar el seguimiento de un equipo de apoyo y no tener problemas con el inmueble.


Además, Manel ha participado recientemente en una nueva campaña de Arrels llamada ‘Homeless Commons’,creada por la agencia Arena. Esta iniciativa, protagonizada por personas que han vivido en la calle, pretende destruir prejuicios y romper los estigmas que rodean a las personas por su aspecto.


Ahora soy el hombre más feliz del mundo. Tengo mi casa, mi paga y no bebo alcohol ni tengo vicios”


Manel invierte prácticamente todo su tiempo en Arrels. Los lunes y los martes trabaja como voluntario en la consigna de la fundación, en la que cualquier persona puede dejar sus cosas en un lugar seguro. Los miércoles recibe la vista de varios colegios y habla de su problema con el alcohol y cómo fue vivir en la calle. No contento con todo esto, sus viernes los dedica a hacer teatro. Como él mismo dice: “No tengo tiempo para pensar en nada malo”.


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