• Hermosillo, Sonora, México a     |  Año 20 No. 690    

Honor a quien honor merece…

Azalea Lizárraga / azaleal@prodigy.net.mx




Nota publicada: 2017-10-26

Pues qué bueno que la gobernadora Claudia Pavlovich no está entre las sonantes para la presidencia de la República, porque los jilguerillos habrían protestado el reconocimiento que la LXXIV legislatura del Congreso del Estado de Nuevo León le hiciera en días pasados,  en el marco del 64 aniversario del voto femenino, no solo por su trayectoria como mujer en el ámbito político, sino por los programas que en diversos espacios ha promovido a favor de la equidad de género y el empoderamiento femenino.

A veces, por funcionar mentalmente como cangrejos, no alcanzamos a dimensionar lo que significa este reconocimiento hecho por los 42 integrantes de todas las fracciones parlamentarias de un Congreso ciertamente muy diferente al nuestro, no solo en ubicación geográfica, sino por las filias y fobias que nos motivan y que nos hacen minimizar hechos que, de alguna u otra forma, deberían ser significativos y motivo de cierto orgullo.

En el contexto político nacional actual, bien pudiera haberlo recibido tan solo por el hecho de ser actualmente la única mujer gobernadora de un estado en la República Mexicana. ¿Por qué no?

Para los que argumentan que la gobernadora no descubrió el hilo negro con la iniciativa aprobada por el Congreso de Sonora a favor de que el 50 por ciento de las candidaturas a las alcaldías sonorenses sean para mujeres, puesto que era un clamor ancestral de muchas féminas, hay que reconocer que fue ella la que hizo suya la idea y utilizando el poder que le da ser la titular del Ejecutivo, hizo escuchar su voz e impulsó el cambio que a todos los gobernadores anteriores, o no les interesó o se les indigestó en el camino.

Reconocimiento otorgado también por los esfuerzos que se han concretado durante su gobierno en otras áreas, como las acciones realizadas para combatir la violencia contra las  mujeres y las niñas; mejorar los índices de aprovechamiento escolar en el nivel básico de primaria y en secundaria; así como lo relacionado con la implementación del Sistema Estatal Anticorrupción, en el cual algunos vemos todavía muchos prietitos en el arroz para que termine de aterrizar a favor de la ciudadanía, pero que, al menos, se está trabajando para que ello suceda. 

Cierto es también que mucho tiempo habrá de transcurrir para que se implemente un sistema de justicia penal que en verdad atemorice a los funcionarios corruptos; que se entrelacen o vayan en carriles paralelos, esa es otra historia que se repite en todos y cada uno de los estados, ¿por qué intentar hacer creer que solo Sonora tiene problemas en este renglón?

Y mire usted que la gobernadora no se subió al ladrillito y se mareó con ello.  Reconoció, de entrada, que le toca cosechar el trabajo realizados por las miles de mujeres que le han precedido en la política; las contadísimas alcaldesas, diputadas y senadoras que en México han luchado, contra viento y marea, abriéndose camino en la arena política dominada por hombres de cuello 18 y que han logrado no solo imponerse en sus partidos, sino convencer al electorado, que ellas eran la mejor opción.

Por supuestísimo que el nombre de su señora madre salió a relucir en su discurso. Pocas mujeres en el Sonora tan conservador que le tocó vivir a doña Alicia Arellano de Pavlovich, pueden ostentar el triunfo de haber sido alcaldesa en dos ciudades diferentes y, como cereza en el pastel, haber sido la primera mujer senadora del país. 

Si usted es de los que piensa se debe ser más exigente a la hora de conferir reconocimientos, mis respetos. Si se siente honrado, sonríale a la vida, porque lo mejor está por venir y, como bien dijo la gober: “las mujeres que se encuentran en posición de ser escuchadas y de influir con sus decisiones, tienen la obligación de impulsar la construcción de una sociedad igualitaria, justa y generosa, por lo que al recibir este reconocimiento es la oportunidad para hacer visible el enorme capital social que representan las mujeres”.
 
Y mire usted que el ejemplo cunde. Por ello, celebramos que las instituciones educativas se estén abocado, con el apoyo de Instituto Sonorense de la Mujer, a impartir talleres y pláticas para promover la equidad de género y una cultura de la paz y respeto, no solo en el sistema educativo, sino también en el seno familiar, que buena falta nos hace como comunidad.

Temas sobre sexualidad y salud reproductiva, empoderamiento femenino, que eran temas impensables de abordar en otras épocas, son ya hoy comunes y muy necesarios para lograr erradicar la violencia de género, y no me refiero solo contra la mujer, porque abarca a ambos sexos. Debemos impulsar que el respeto a la dignidad y el desarrollo humano se realice independientemente del género, la edad o las condiciones socio-económicas de los individuos.
¿No lo cree usted así?



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