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Nota publicada: 2025-02-27
Miami. La elección de Donald Trump y el nombramiento del cubanoestadunidense Marco Rubio en el cargo de secretario de Estado llevará a un endurecimiento del bloqueo y medidas contra el gobierno de Cuba, pero un encuestador y analista experto en la comunidad cubanoestadunidense indica que, al contrario de lo que siempre se suponía, ya no es Miami la que controla la política hacia la isla.
De hecho, el poder político cubanoestadunidense está disminuyendo y el apoyo al bloqueo aquí es más débil que hace una década, señala el sociólogo Guillermo Grenier, de la Universidad Internacional de Florida (FIU), quien ha realizado sondeos entre la comunidad cubanoestadunidense durante más de 30 años.
En entrevista con La Jornada en su oficina universitaria, informa que en 2009, cuando Barack Obama llegó a la Casa Blanca, 56 por ciento de los cubanoestadunidenses apoyaban mantener el bloqueo. Pero después de que Obama abrió la relación y restauró relaciones diplomáticas con la isla, una abrumadora mayoría de esa misma comunidad apoyó el cambio. Eso demuestra que el giro en la política hacia Cuba depende de Washington, no de Miami.
El apoyo al embargo se desplomó, afirma Grenier, mostrando una gráfica que demuestra que para 2016, sólo 34 por ciento de los cubanoestadunidenses en Florida apoyaba continuar el bloqueo, pero a la vez, 72 por ciento favorecía relaciones diplomáticas con Cuba. Había esa resistencia a un cambio de política (en Washington) porque sentían que los cubanoestadunidenses no apoyarían en eso. Pero cuando cambias la política primero, encuentras que los cubanoestadunidenses te siguieron porque a fin de cuentas, no les importan tanto tus políticas. Con o sin bloqueo, sí les importa derrocar al gobierno cubano.
Durante el primer periodo de Trump, cuando anuló la apertura de Obama, los cubanoestadunidenses de nuevo dieron un giro y empezó a crecer el apoyo al bloqueo, otra vez siguiendo a Washington. La decisión del gobierno de Joe Biden de, esencialmente, continuar con la política anticubana de Trump, incluido designar a la isla patrocinador de terrorismo hasta la última semana de su gobierno, no tuvo gran impacto en las actitudes en Miami. En Washington, el gobierno de Biden usó en privado la justificación de Miami y el voto cubanoestadunidense en su fallido juego electoral para no retomar la política de Obama, algo que Grenier y activistas cubanoestadunidenses aquí consideraron un error garrafal de los demócratas.
Voto decisivo, en el pasado
Grenier explica que en el pasado, el voto cubanoestadunidense era decisivo cuando Florida era electoralmente disputada por ambos partidos. El presidente republicano George W. Bush ganó dos veces aquí, con un margen cerrado, al igual que el demócrata Obama también ganó el estado dos veces. En ese contexto, “en ese tiempo, el voto cubano era coyuntural… era un bloque electoral grande”, explica Grenier. Pero señala que en los últimos años los republicanos, sin ser retados por los demócratas, han consolidado su control político del estado y, como resultado, ese bloque cubanoestadunidense antes clave para ese partido ya no es tan decisivo.
Reitera que siempre se ha sobrestimado que la opinión cubanoestadunidense estaba definiendo la política exterior de Washington hacia Cuba. Creo que eso se piensa, en parte, porque a los cubanoestadunidenses les conviene, y lo promueven.
Álvaro Fernández, cubanoestadunidense veterano de luchas por impulsar la participación electoral en Miami y en el sur de Florida, considera que los demócratas, por ineptitud o por cobardía, o ambas, decidieron no invertir en nutrir el giro en actitudes que culminó con la apertura diplomática hacia Cuba con Obama. El también periodista en Progreso Semanal e historiador de Miami, declaró a La Jornada que la consecuencia de esa decisión de los demócratas es que este lugar es más republicano, y trumpista, que nunca.
Agregó que el Partido Republicano desde Ronald Reagan buscó incorporar a los cubanoestadunidenses, y desde entonces se identifican más con este partido, a pesar de que apoyaron las políticas laborales y con Obama hasta la relación con Cuba de los demócratas. Como consecuencia de ese error demócrata, añadió, ahora el panorama para corrientes progresistas en Florida es cada vez más oscuro.
Con Trump de regreso a la Casa Blanca, la instalación de Marco Rubio como canciller y el nombramiento de Mauricio Claver-Carone como enviado especial para América Latina, fortalece la mano de la vieja guardia política cubanoestadunidense que construyeron y se beneficiaron con el bloqueo y los fondos para supuestos programas de cambio de régimen. Rubio de inmediato anunció una política dura contra La Habana, y ya se están impulsando medidas para limitar el envío de remesas, reiniciar las demandas contra empresas extranjeras que se atreven a invertir en la nación caribeña y por supuesto el regreso de la isla a la lista de estados anfitriones de terrorismo.
Sin embargo, pronosticar las movidas políticas de Trump nunca es fácil. Hombres de confianza de Trump como Elon Musk y Sergio Gor (jefe de personal de la Casa Blanca) han viajado con anterioridad a la isla, donde Trump ha registrado sus marcas, y sus ejecutivos desde hace tiempo han contemplado propiedades en las playas, escribe el analista Lee Schlenker en la publicación Responsible Statecraft. Agrega, en entrevista, que el senador John Thune, líder de la mayoría republicana, era uno de los promotores de levantar la prohibición de viajes a Cuba hace 25 años.
Aunque nadie en Florida ni en Washington espera alguna sorpresa o cambio en el endurecimiento de la política hacia la isla, Grenier señala que sus sondeos indican que si Trump de pronto decidiera relajar las sanciones, no habría un costo político en Miami por tal acción (al igual si Biden se hubiera atrevido). Si Trump decidiera levantar el bloqueo mañana, lo podría hacer, y los cubanos seguirían votando por republicanos. Asevera que la política hacia Cuba no es lo más importante para todos los cubanoestadunidenses.
De hecho, la política hacia La Habana no es el tema de mayor importancia para los cubanoestadunidenses. En sus encuestas, la economía es claramente la preocupación política más importante entre los sondeados de todas edades, excepto los más viejos, para quienes el acceso a servicios de salud es la prioridad, concluye Grenier en su encuesta de 2024 realizada con su colega Quin La, de la FIU.
Además, según registra en sus sondeos, los inmigrantes cubanos que han llegado en los últimos años no están motivados por alguna preocupación política y menos ideológica, apunta Grenier. Se han ido de Cuba por diferentes razones que las olas anteriores. Les preguntas directo que si hubieran tenido una mejor situación económica, ¿se habrían ido? La respuesta es no. Si las cosas hubieran estado mejor económicamente no hubiera hecho que mis hijos padecieran este viaje, contestan.
O sea, ya no se puede pretender que es por razones políticas, y de hecho, son en parte las consecuencias de la política del bloqueo.