• Hermosillo, Sonora, México a     |  Año 24 No. 724    

El recuento de los daños

Elma Laura Ahumada / elmalaura@yahoo.com




Nota publicada: 2018-07-09


No hubo poder humano, dinero, campaña negra, burla, testimonio venezolano, nada que impidieran que ganara la elección Andrés Manuel López Obrador; el intento de detenerlo hizo que sus adversarios acudieran a un sinfín de artilugios que no funcionaron, recorrió todo el país, sus mensajes permanentes contra la corrupción y la impunidad, aunado a un sistema de gobierno agotado, lo llevaron a convertirse en el hombre más poderoso en el ámbito político del México moderno.

Lo logró, el ciudadano fue contundente y le entregaron no solo las llaves de Palacio Nacional sino el poder absoluto para que haga lo necesario y sin pretextos, como Presidente de la República tendrá a su disposición el Congreso y el Senado, pero sobre todo, el apoyo de miles de mexicanos que usaron el voto para decir, ya estuvo bueno.

El asombro fue generalizado, ningún analista, encuesta o adivino visualizó el resultado de la votación masiva, que sin violencia ni estridencia,  mostró, en una sola exhibición, el hartazgo social y el rechazo al uso y abuso del poder, la soberbia, la arrogancia los excesos, la corrupción y la impunidad, autoridades incompetentes, funcionarios engreídos y una serie de malas prácticas que se acumularon a lo largo de las últimas décadas, ya era demasiada indolencia.

De un “chingazo”, los mexicanos dijeron ya basta, de ninis, fifís y muchos que solo desean disfrutar los beneficios de la elite en el poder público, las mieles y privilegios que ha ciertos niveles brinda un puesto, al grado que ahora si habrá una verdadera representación popular en  el Senado, el Congreso de la Unión y varios Congresos Estatales, dando paso a personas que creyeron en un cambio, que no han participado en estas lides y varios de ellos tienen oficios que nada tienen que ver con la labor legislativa.

Pero a esto nos llevó la clase política existente, ilustrados si pero que no respondían a las necesidades de la población,  por eso la gente votó por un cambio, por una esperanza, con la ilusión de que ahora si vivirán mejor, entonces el voto masivo para Morena fue sin distingo, clase social o con excepción por candidatos de diversos partidos con méritos y capacidad, “agarraron parejo” y ya conocemos los resultados.

Ya que pase algún tiempo, los propios dirigentes de Partido y su militancia agradecerán lo sucedido, no habían encontrado el momento para dar fin a los que todos criticaban, algunos aprovechaban y otros rechazaban, dar salida a la herencia de puestos, dar por terminada algunas dinastías en diversas partes del país, mejorar la oferta al elector, mayor creatividad y varias cosas más que requiere cualquier institución en crisis, pero sobre todo, dar paso a nuevos militantes, con verdadera vocación y rindan tributo a la honorabilidad en toda la extensión de la palabra.

Ahora veremos nuevas caras, al principio es posible que reine  la ignorancia y la mediocridad pero seguro habrá momento que cumplan con su deber, ojala se evitara los señalamientos despectivos y la crítica destructiva, por una apariencia física o falta de entendimiento.

Las “benditas redes sociales” como las denominó el propio López Obrador estarán puestas y dispuestas para dar cauce al desarrollo de las actividades de la nueva administración, que pretende un cambio profundo en los quehaceres del gobierno, pero también serán vigilantes de cada paso que den los funcionarios, la vida de México será otra.

Las ansias de poder de unos son del tamaño de las ansias del cambio de todos, con el tiempo, en el fondo, miles diremos que ya era hora, desde ahora deseamos que realmente funcione el proyecto de Nación de los nuevos gobernantes, por algo pasan las cosas, debemos ser optimistas ante lo inminente, hagamos lo de siempre, trabajar y esperar que ahora si tengamos un país próspero con autoridades responsables



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