• Hermosillo, Sonora, México a     |  Año 20 No. 690    

¡Deja de fumar sin engordar en este 2018!

LA VANGUARDIA DIGITAL /




Nota publicada: 2018-01-09

09 de enero del 2018.- Para muchos fumadores, dejar el tabaco es un reto difícilmente superable, un buen propósito sinónimo de ansiedad y de coger demasiados kilos de más. Al fin y al cabo, la nicotina ¬una sustancia presente hasta en 17 mg por cada cigarrillo¬ es la responsable de acelerar nuestro metabolismo y quemar entre 150 y 250 calorías más al día. Capaz de aumentar la temperatura corporal en un 5 % con respecto a la de un no fumador, tiene un poder anorexígeno, reduce el apetito y produce un efecto saciante. En realidad, el menor peso de los fumadores se debe a un efecto deficiente de su funcionamiento metabólico. Pero esto no puede (ni debe) ser una razón de peso para no dejar de fumar. Es más, es posible abandonar de una vez por todas los cigarrillos sin tener que pagar el precio en la báscula. La clave, controlar la ansiedad fruto de la abstinencia de la nicotina con hábitos más saludables: desde la alimentación, hasta la cantidad de veces que ingerimos comida y bebemos líquidos o la forma de abordar una nueva rutina de ejercicio físico. Según una reciente investigación internacional publicada en el Journal of Clinical Practice de EE. UU., los fumadores que dejan el tabaco suelen ganar una media de entre dos y cinco kilogramos. A su vez, también cuentan con la mitad de probabilidad de sufrir enfermedades cardiovasculares.

SIN NICOTINA UNO, DOS... Y 15 DÍAS

Esto es lo que le pasa a nuestro cuerpo cuando dejamos de fumar:• 20 minutos después de haber fumado el último cigarro y tras el rápido efecto energizante de la nicotina, el cuerpo vuelve al nivel normal de tensión arterial.• 8 horas han pasado y la ansiedad surge. Es un momento difícil, ese cuando los fumadores con menos voluntad echan mano de otro cigarrillo más.• Un día después, disminuye la ansiedad y el estrés; la nueva rutina debe empezar.• Una semana sin tabaco es ya un gran logro. Empezamos a toser y a eliminar impurezas del pulmón. Otra semana más sin tabaco y la circulación sanguínea será la misma que la de un no fumador.

DISFRUTAR DEL EJERCICIO

Entonces, ¿por dónde y cómo empezar? Al dejar el tabaco, nuestro organismo rápidamente empieza a oxigenarse mejor, lo que hará que nos sintamos con más ganas de hacer deporte. Este efecto no tiene por qué suponer apuntarse al gimnasio para hacer ejercicios tediosos o plantarse un reto propio de una maratón. Bastan pequeños grandes cambios, como reemplazar el autobús diario para ir al trabajo por trayectos de ida y vuelta en bicicleta, acudir a clases de baile o sumarse a un grupo de patinaje afterwork. Para que esa "sustitución" funcione, la actividad debe reducir la ansiedad, ejercitar nuestro cuerpo, pero, sobre todo, hacernos disfrutar, no se trata de castigarnos. Con este pequeño cambio, ya habremos ganado la primera batalla hacia el propósito de año nuevo. La alimentación también deberá modificarse; sobre todo buscando productos que sacien ese repentino aumento de apetito pero que, al mismo tiempo, no supongan una mayor ingesta de calorías. El pan, la pasta y el arroz integral o con un alto porcentaje de fibra vegetal son aquí buenos aliados para plantarle cara al humo del tabaco. Y es que cuando dejamos de fumar, nuestro organismo busca automáticamente azúcares para sustituir la nicotina. Por eso, debemos tener mucho cuidado y no dejarnos tentar por dulces y bebidas azucaradas. Conviene mucho más recurrir a la fruta: comerla entera o en trozos y con la pulpa hará que nos beneficiemos de su fibra vegetal presente de forma natural. Siempre que surja esa ansiedad, un buen truco es echar mano de una manzana, una pera, unas fresas o una naranja, por ejemplo. Así, la segunda batalla también estará ganada.


PICAR MÁS A MENUDO

Durante el proceso de dejar de fumar y, especialmente en momentos de más estrés laboral, la necesidad de encenderse un cigarrillo pronto se convierte en ganas de picar entre horas ¬y a todas horas¬. En esos momentos, una buena opción es beber agua, tomarse un té o recurrir a táperes prácticos de pequeñas verduras crujientes y crudas, a tostadas integrales, a frutos secos sin sal o a un yogur desnatado y queso bajo en grasas. Para la hora de las cenas, conviene apostar por alimentos con alto contenido proteínico como huevos, pavo o pollo. La tercera batalla contra los malos humos será pasarse a un menú diario de cinco comidas ligeras y equilibradas.

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