• Hermosillo, Sonora, México a     |  Año 20 No. 690    

¿Cómo puede un profesor ayudar a los jóvenes en estado depresivo?

LA VANGUARDIA DIGITAL /




Nota publicada: 2017-12-14

14 de diciembre del  2017.- Los profesores encuentran cada vez más alumnos diagnosticados con una depresión. Estos jóvenes sufren y además tienen dificultades para poder seguir el ritmo de las clases. Con frecuencia la medicación les produce insomnio o al revés, somnolencia. Tener una asignatura a primera hora de la mañana resulta complicado porque se duermen o, cuando asisten a clase, parecen ausentes.

A menudo, cuando hablan con el profesor en horario de atención personalizada, se esfuerzan permanentemente por no llorar. Sus ojos se llenan de lágrimas y su mirada es triste. Su cuerpo parece caído, sin fuerzas. Algunos informan de lo que llaman “su enfermedad incurable” trasladando al profesor su angustia y su miedo, pero también formulando una demanda de apoyo y ayuda.

Aunque parezca que están ausentes, escuchan con atención

Estos jóvenes, caídos en algo que ni ellos mismos saben con certeza, son personas de una extraordinaria inteligencia y sensibilidad. Aunque parezca que están ausentes, escuchan con atención lo que se plantea en clase si realmente les interesa. Son capaces de demostrar una disponibilidad hacia las preguntas y los problemas fundamentales de la existencia totalmente inauditos. Son personas muy especiales, enigmáticas, radicalmente humanas.

Su llamada “enfermedad incurable” es en realidad la expresión máxima de la vulnerabilidad que caracteriza a cualquier ser humano, enfrentado a la contingencia de lo irrepresentable o lo indecible que le habita: el dolor, la ausencia, la pérdida. Más allá del estado de ánimo que invade a estos jóvenes y les inhabilita, una pasión desconocida por algo que quedó atrás, un objeto pasional (las pasiones pueden ser de muchas clases, no todas a favor nuestro), anuda su vida cotidiana impidiéndoles vivir en paz.

El psicoanalista francés Serge Cottet planteó una idea sugerente a propósito de este problema: más allá de la patología, el sentimiento de la depresión despista al más pintado. Es decir, tomar el sentimiento de la tristeza como una brújula impide entender qué se juega realmente para cada joven caído en depresión. Hay otra cosa, no dicha pero sobre todo que no se sabe ni se alcanza a pensar, encubierta por la idea de la enfermedad incurable. En cierto modo, estos jóvenes lo saben, por eso dicen: es incurable.

El papel del profesor

¿Cómo puede el profesor ayudar a estos jóvenes, cómo apoyarles? Tal vez, entonces, ofreciendo algo que pensar. Señalando que, en definitiva, todas las preguntas atañen a cada uno a su manera y no precisamente para zambullirse o dejarse llevar por el interrogante insoluble (incurable) sino al contrario, indagando activamente en la dirección de una idea como respuesta. El profesor debe indicar que, más allá del sentimiento o la pasión, existe un saber en el horizonte con el que se puede rodear el agujero sorteando la caída. En lugar de caer se puede leer, descifrar, entender, analizar, relacionar, investigar.

¿Cuál es, en ese caso, la herramienta principal del profesor? Su capacidad para maniobrar con el saber, no un saber cerrado en sí mismo que se repite hasta la saciedad sin decir nada, como la pantalla del power-point; no un saber caído en depresión, sino abierto a las posibilidades que ofrece la vida: la alternativa a cualquier tristeza, el interés por ir más allá de las preguntas esenciales que habitan a las personas.

Más información en esta sección ..

Opiniones