• Hermosillo, Sonora, México a     |  Año 20 No. 690    

¿Conmemoración o celebración?

Azalea Lizárraga / azaleal@prodigy.net.mx




Nota publicada: 2017-03-12





 Admito que, en lo personal, el 8 de marzo es un día muy significativo por varias razones. Y cómo soy mujer educada a la antigüita, lo primero que recuerdo al despertar –y una ayudadita del iPhone-  es que mi madre nació ese día.  

 

Cómo no hacerlo, si fue quien guió y marcó mi vida. Mujer de sus tiempos, fuerte y bondadosa que, a pesar de los pesares que” le tocó vivir” –así decía ella- era positiva a raudales.  Sin mucha escuela oficial, era autodidacta e ingeniosa, pero educada solo para ser esposa y cuidar de la casa e hijos.  No más.

 

No obstante, de ella aprendí el amor a los libros como ventana hacia otros mundos. Tarea diaria era leerle mientras ella limpiaba la cocina.  Así no se cansaba, me decía. Con enciclopedia en mano, viajábamos juntas al universo del saber.   

 

Celebro también que nací en el año que en México se le otorgó a la mujer el derecho a votar, aun cuando desde 1977 la ONU había instituido el 8 de marzo como día internacional de la mujer para continuar “con la tradición de lucha en pro de la igualdad, la justicia, la paz y el desarrollo” de las mujeres y con pleno respeto a los derechos humanos.

 

La ONU cree en que el empoderamiento de la mujer es “elemento central para hacer frente a los desafíos sociales, económicos y políticos en todo el mundo”, pero no podemos afirmar que hayamos avanzado significativamente en este sentido. Más bien ha quedado en palabras bonitas. Lamentablemente, México y Sonora no son la excepción.

 

De entrada, los datos de la Encuesta Intercensal 2015 de INEGI, arrojan que en nuestro país las mujeres somos el 51.4% de la población total; con un promedio de escolaridad de 9.1 grados, ligeramente inferior al de 9.3 en los hombres; y que en el ciclo 2015-2016, se muestra que uno de cada dos estudiantes en educación superior es mujer.

 

Pero si de estudios técnicos o comerciales se trata, las mujeres duplican el nivel mostrado por los varones (5.4% en mujeres, 2.6% en hombres), lo que refleja, en parte, la necesidad femenina de contribuir lo más pronto posible al ingreso familiar, o en el peor de los casos, se debe a que en ciertas familias todavía prevalece el pensamiento de que solo deben estudiar carreras cortas por mientras se casan o para que ayuden con algo al sostenimiento del hogar. Reductos del siglo pasado.

 

De hecho, existen datos que demuestran que la participación femenina en el mercado laboral en las últimas décadas, ha sido muy significativo y da cuenta de la acelerada transformación socio-económica y política que vemos en nuestro país, aunque todavía con muchas zancadillas, desigualdad e inequidad, sobre todo en lo que a participación política se refiere.

 

Sonora no canta mal las rancheras, aunque tenemos ya a una mujer gobernadora y una ley de paridad de género que augura una mayor participación femenina en el ámbito político para, supuestamente, inducir políticas públicas con visión de género, tendremos que esperar algunos años para ver los resultados de dichos cambios.

Nuestro estado tiene una población total de 2,850,330 habitantes, lo que representa el 2.4% de la población nacional y 51.5% son mujeres.  

A 40 años de la proclamación del día internacional de la mujer, realmente tenemos poco para celebrar, sigue imperando la desigualdad y la inequidad laboral, a pesar de que en nuestro país 20 millones 800 mil mujeres de más de 15 años son económicamente activas.

Tampoco se ha logrado disminuir significativamente la violencia en sus múltiples manifestaciones física y verbal, que deja profundos trastornos psicológicos difíciles de superar. Machismo, pobreza, falta educación, usted decida.

 

Por mi parte, el día lo aprovecho para reflexionar en la dicha de tener dos hijas para las que deseo un mundo mejor, no las quiero luchando por igualdad y equidad, pero viviendo lo contrario. Las quiero fuertes, libres de mente y prestas a crear las condiciones que les procuren una vida plena.

Apoyadas en su diario vivir y un trabajo impecable y productivo, que les reconozcan sus logros, esfuerzo y dedicación profesional, pero sin haber tenido que dejar de lado su condición de mujeres sensibles, soñadoras e integrales en su condición de mujer.

No las quiero con “traje de hombre” para ganarse el respeto que que merecen por su inteligencia, dedicación y compromiso en cuanta tarea social o profesional se involucran.

¿Será mucho pedir en pleno siglo XXI? Pienso que debemos seguir trabajando por un mundo mejor, como el que mi madre delineaba ante mis ojos con esas tardes de lectura y su cantaleta de: “explícame lo que acabas de leer sobre cómo viven las mujeres en Africa, porque no lo entendí muy bien…”

Aquí en la ciudad capital, la gobernadora Claudia Pavlovich celebró el día con mujeres que han roto paradigmas, como ella; mujeres modestas que realizan labores y desempeñan profesiones antes solo reservadas para los hombres, como el servicio público policiaco, bomberos y protección civil; mujeres que son ejemplo de vida y al predicar con el ejemplo, contribuyen a cambiar el rostro de nuestro estado.

En las universidades y escenarios diversos se impartieron conferencias, mesas redondas, ciclos de reflexión empresariales, artísticos y culturales, con el objetivo de impulsar el empoderamiento femenino y su mayor participación en todo lo que verdaderamente importa en la vida.  Y ésa es una elección que amerita hacerse en forma honesta y responsable.

No solo porque brinde estatus social o esté de moda.

 

azaleal@golfo.uson.mx

@Lourdesazalea

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